La revista de Ruberto

Ruberto, que así es su primer apellido según consta en la letra chica, inicia su editorial agradeciendo, en primer lugar, “la oportunidad de estar con ustedes a través de esta publicación para poder comentarles y compartir mi pensamiento en relación a qué son y qué significan las Políticas Públicas Sociales Municipales”.

Y es como si el colega José hubiera hecho una vaquita para asar alguna carne y a la hora de los bifes dijera solemnemente a los que pusieron los diez mangos. “Gracias por haberme dado la oportunidad de publicar mi revistita para promocionar mi bella cara y mi pensamiento extraordinario”. Y de la pitanza, nada de nada.

Yo había puesto en la vaquita municipal, pero este funcionario utilizó el dinero para darse lustre y hacer campaña. ¡Y encima me lo agradece!

Para hacer la revista del municipio, Ruberto o, según prefiere llamarse en la campaña,  Gustavo Saenz, ha empezado gastando largamente en fotógrafo.

Nueve fotos suyas –incluida tapa y contratapa- lo muestran en corbata, en camisa, con un micrófono en la mano, firmando resoluciones -o leyes, a juzgar por la solemne expresión que porta en el rostro-,  hablando a jóvenes o escuchándolos: en fin, un tipazo que se las trae.

El pobre intendente aparece sólo en cinco, a veces mirando despeinado lo que hace Saenz, otras escuchándolo. La más agraciada de sus imágenes sea tal vez aquella en la que apenas se lo reconoce debajo de las plumas de un disfraz de carnaval.

Obviamente, don Ruberto es el protagonista. Es casi un Moisés del pueblo salteño. Véase, si no, el pomposo título de tapa. “Está en marcha (colgado) LA GRAN GESTA MUNICIPAL (título). Y por si quedara alguna duda de quién encabeza semejante proeza, el nombre de Gustavo Saenz es el primero que sigue al titulazo.

No podían faltar  los tonos rojos y negros, las aureolas blancas resaltando las caras (¿Isa y Ruberto han llegado ya a la santidad y Ratzinger no se ha enterado todavía?) y la infaltable bandera salteña flameando debajo de alguna de las impresionantes acciones del secretario de Gobierno.

Si, ante semejante despliegue de propaganda y mal gusto, el contribuyente todavía tiene ánimos de leer la revista y da vuelta la tapa, se encontrará de un lado con un “aviso” a toda página del sitio de Gustavo Saenz, cuyo nombre cruza vertical y horizontalmente el chivo. Obviamente todo el mundo se conecta, tal parece ser el mensaje del globo terráqueo que lo ilustra.

De todos modos, el desasosiego debe ser también mundial: el único mensaje del sitio de Ruberto es: “Pronto!!!”.

Así que hay que leer, del otro lado,  el editorial para enterarse del pensamiento del guía de la gran gesta. En una excepcional muestra de humildad, el funcionario dice allí que “una de las decisiones más importantes que el intendente ha tomado en este sentido (se refiere a las políticas sociales) ha sido la de encaminar gran parte de las acciones hacia el área por mí conducida”.

Estuvo excelente Isa al elegir a Ruberto, en especial por “el cariño inclaudicable que sentimos hacia el vecino”, tal como hace alarde un párrafo abajo, y porque, además, está dispuesto a cumplir sus objetivos “cueste lo que cueste, más allá del esfuerzo imaginable”.

El vecino puede quedar pasmado ante semejantes declaraciones. Tanto lo quiere este funcionario, parece, que está dispuesto a utilizar los fondos municipales, hayan costado lo que hayan costado a los contribuyentes, para publicar esta revista que sólo con un esfuerzo inimaginable puede leerse sin una mezcla de pena, risa e indignación.

Pero el hombre se ríe en la contratapa, como satisfecho de lo que acaba de publicar, a costa de sus queridos vecinos. Se ha hecho poner de nuevo una aureola en torno a su figura: debe estar convencido de que ha recibido una misión divina.  De nuevo la bandera salteña, los rojos y los negros: también ha de creer que encarna el destino de la tierra. Y otra vez su nombre, repetido ya hasta el hartazgo.

¿Esto nos merecíamos los salteños?

 

 

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.